A lo largo de mi vida he ido descubriendo que no sabemos vivir sin etiquetas. Solemos ponerle una colgando a cada persona que conocemos e incluso que no conocemos. Y hasta a las que pasan por enfrente y no vuelves a ver en tu vida.
Tengo amigos que no paran de poner etiquetas en cada foto.
Vamos colocando etiquetas de todos los tamaños, formas y colores a todo lo que nos rodea. Hay tanto negativas como positivas.
He estado poniendo etiquetas a muchas personas, situaciones y cosas ésta semana. El porcentaje de negativas superaba a la de positivas ya que ha sido duro lidiar con todas las situaciones. Sigo sin entender porque he de hacer el trabajo de manager cuándo ese no es mi trabajo. Así que a mitad de semana decidí dejar de poner etiquetas y empezar a quitarlas. Ha habido el mismo trabajo duro y responsabilidades añadidas, pero mi filosofía para enfrentarlo era diferente y se ha notado. Espero que la semana que viene, que pinta igual de dura, al haberle tomado la mano y saber para que lado gira la rueda pueda disfrutar mucho más, cómo al principio, que se me pasaban las horas volando.
Lo mejor de todo, que ya es fin de semana y encima puente. Y cómo siempre, hay muchos planes, compromisos y lugares a los que ir, porque lo damos todo el fin de semana y tardamos cuatro días en recuperarnos y pillar el ritmo normal.
Pd: Ésta semana no sólo he quitado etiquetas a las situaciones, personas, etc. También a algunas buenas adquisiciones, para premiar la tan mala semana vivida.
Y yo me pregunto... ¿Cuál es mi etiqueta?
Hasta otra.